jueves, 27 de octubre de 2011

Llueve.

Llueve y hace mucho viento, tanto que te arrastra, se te lleva el paraguas y te mojas igualmente. Y entonces sientes que no vas a llegar a tiempo, te paras, y parece imposible disfrutar del frío, de ese que se te queda dentro y solo se te va con una ducha caliente, de ese que te hace hacer caras raras y colocarte de diferentes maneras y aún así sigues teniendo frío. Pero tú, te paras, sin pensar en ir a casa, sin pensar en ir rápido, al contrario, piensas que igualmente te vas a mojar y que todo el mundo merece disfrutar de un día de lluvia y frío en los huesos. La magia de esas nubes, de ese cielo, de esas gotas de agua que hace miles de años creían que era Dios y entonces lo disfrutaban como un regalo. Pero ahora, caminas y no ves a nadie sonriendo y siguen siendo las mismas nubes, el mismo cielo y esa gran cantidad de gotas de agua que con suavidad te mojan la cara. ¿Sabes? Alguien importante me dijo una vez que tu primer beso es debajo de la lluvia, estos días no para de llover, debe ser que se acerca el invierno o simplemente que el cielo sabe lo que siento.