sábado, 29 de abril de 2017

Para ti

Consumo el amanecer al despertar y recuerdo, recuerdo tu mirada que me incitaba a amar, amar la vida, mi caminar.
Dudosa de mi aprender, con mi nueva bata blanca, conocí tus ojos entre cuatro paredes del hospital.
Sólo verte, tu alma se sinceró conmigo, eras un mar en calma rodeado de cáncer, de enfermedad.
Necesité cuidarte esos días, mostrarte mi afecto, intenté contagiarme de tu serenidad. Me despedí con tristeza, con la incertidumbre de si nuestras emociones se volverían a encontrar. "Gracias", me decías, "eres mi ángel, no te vayas, quédate".
Ese día se rompió mi alma, pero me la sanó tu ejemplo, tu lucha, tu paz.
Dediqué días a tu recuerdo durante dos años hasta que en otras prácticas la vida nos volvió a presentar.
Perdona, perdóname por deshacerme y llorar al saber tu diagnóstico, por contagiarte mis lágrimas y no saber parar. Qué injusta la vida, a veces lucha contra corazones que rebosan paz.
Y eso intenté decirte, con amor, con tristeza, "la vida te ha hecho luchar mucho, deja un poco para los demás".
Me sonreíste, afirmando, aunque sin certeza, que nos volveríamos a encontrar.
Sé que mi mirada, mis gestos, mis silencios te hablaron y que en cierto modo sabes lo que me has regalado.
Tú me hablaste cada día, acompañandome en silencio, con la transparencia de tus ojos,  qué mirada más bonita, a pesar del dolor, del miedo, de la tormenta que te seguía al caminar.
Volabas, aunque te ataran las alas más que a los demás.
Y me contagio de la calidez de tus sonrisas, de tu alma invencible, de tu fuerza y vivo, vivo cómo nunca antes, gracias por enseñarme tanto y no irte de mi jamás.

miércoles, 26 de abril de 2017

Marea alta

Con más alma que cuando ha anochecido, pero perdida, entre mi razón y vuestra supervivencia, entre mi corazón y vuestra enfermedad.
Me absorbéis la pena, con vosotros tengo que ser marea, recoger llantos, escuchar tormentas, aunque tenga ganas de estallar.
Soy marea sin serlo, me cristalizo, se absorbe mi agua y mi "yo" empieza a desaparecer.
Perdida, sin explicación a lo injusto y con el dolor de la mano plantando cara a la realidad.
Soy marea, con vosotros, día a día, ante todo, soy marea, aunque tú, vida, tú remuevas mis heridas, aunque busques mi debilidad.
Soy marea porque mi "yo" sale a flote, respiro el aire, me lleno de calma y abro mis brazos, que venga la vida, que venga, que yo abrazaré lo bueno y luchando, aceptaré la adversidad.